Había una vez, una pequeña isla en el Caribe, llamada Puerto Partido.

En Puerto Partido la mayor parte de las personas vivían en tres grandes cajas. Una caja era azul, otra roja y una verde. También en la isla, en las afueras de cada caja, vivían algunos. Los de la caja azul, les llamaban pelús, los de la roja les llamaban macheteros y los de la verde les decían, gente sin ideales ni compromiso.

Las dimensiones de cada caja eran exactamente igual. En la parte superior cada una contaba con dos agujeros. Por un agujero recibía servicios de una mano milagrosa que cada uno veía del color de su caja, debido al reflejo de su techo. En el otro agujero, los compueblanos de cada caja proveían ofrendas y alabanzas a la mano milagrosa.

Cada caja funcionaba exactamente igual. En cada uno de esos poblados había gente buena y no tan buena, gente trabajadora y otra no tanto. Así que, todos puertopartideños sentían gran seguridad dentro de sus cajas. Esa seguridad les hacía juzgar y desconfiar de aquellos que vivían aislados de cada caja.

Esos pelús, macheteros sin ideales ni compromiso eran personas a las que no se les podía escuchar. En ocasiones, esos extranjeros en su propia tierra enviaban mensajes a las cajas manchando los colores de cada uno. Por eso era prioridad de estado que cada caja contara con pintura del color designado para pintar de inmediato cualquier mancha que los pelús, macheteros sin ideales ni compromiso lanzaran.

Solo existía algo en común entre los de afuera de las cajas y los de adentro. Ellos no lo sabían, pero todos compartían un profundo amor y respeto por sus familias y por su Puerto Partido. Reían, lloraban y disfrutaban el amor hacia cada uno de los suyos. Era un amor indescriptible, un sentimiento único y maravilloso.

Un septiembre un terrible huracán les atacó. La devastación fue increíble. Cada caja tuvo que colocar plásticos en sus techos para no seguir siendo mojados por la inmensa lluvia. Los días pasaron y tanto los de afuera como los de adentro presenciaron como miembros de sus familias murieron. Hubo luto, para los encajonados y para los desencajonados.

En cada caja las personas miraban hacia el agujero, que ahora era más grande, por donde la mano milagrosa les “ayudaba”. Muchos lloraban, no solo por sus familiares, sino porque la mano les dijo que intentaba ayudar, pero no podía, NO TENÍA LOS RECURSOS.

Los de afuera de la caja, también sufrieron, pero como ellos no esperaban nunca nada de la mano milagrosa, decidieron buscar respuestas.

Cada caja estaba rota, por lo que los pelús, macheteros sin ideales ni compromisos pudieron mostrarles a los encajonados, que la mano, no quiso ayudarles y que la mano fue responsable de las muertes. También les mostraron como la mano, se burló de sus muertes, de su dolor, de cada lágrima y de la impotencia que se siente al saber que ya nunca, jamás volverás a abrazar, a reír o llorar con tu ser querido, porque ya no está. Ya no está, ya no vuelve, pero pudo estar, pudo estar aquí contigo, ahora mismo, si la mano no hubiera mentido acerca de los recursos.

Y fue entonces que las cajas se rompieron y la gente se atrevió a salir de ellas. Pudieron ver que la mano era solo una y que tenía su propio color. También se percataron que la mano solo jugaba con el reflejo de cada uno de sus techos para mostrarse del color predilecto. Y así marcharon, se animaron y construyeron un nuevo país, donde las manos las elegía y manejaba el pueblo.

Le llamaron Puerto Rico y aunque algunos decidieron quedarse dentro de lo que quedaba en cada caja, todos aprendieron que el único color de caja que importaba era el color patria.

¡Te amo Puerto Rico!

Please follow and like us:
error

12 comentarios en “Su nombre es Puerto Rico”

  1. Wow!!! Yamaris tienes ese estilo de describir lo q pasa, justo como sucede y resaltar sus intenciones. Gracias por poner tu punto de vista de esa manera unica. Te admira y te agradesco por ese manejo de palabras para llevar un mensaje. Un abrazo desde la Montaña

    1. Sheyla, tus palabras me alagan. Gracias infinitas por tu apoyo a este humilde proyecto. Yo también te envío un abrazo, pero el mío desde el norte canadiense.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Instagram
Follow by Email
Facebook
Facebook
RSS