#amorvietnamita

Solo se puede amar con intensidad …

Solo leyó el último mensaje, colocó su celular en el casillero y trató de aguantar el nudo en la garganta para concentrarse en sus labores diarias y no llorar. Caminó hacia su área de trabajo y justo antes de abrir la puerta de su estación, sin darse cuenta, sus lágrimas bajaban por sus mejillas como las corrientes de un río tras una tormenta. No lo pudo resistir y tuvo que sentarse en una esquina a llorar. Nadie podía verlo, así que se sentía seguro en ese lugar. Miró el reloj en la pared y se percató que ya habían pasado 10 minutos y llegaría tarde a su puesto de trabajo. Al levantarse y voltear, frente a él se encontraba el jefe nuevo. Él sabía que era un jefe nuevo, pero nunca lo había conocido personalmente y no sabía su nombre. Pensó que había sido casualidad e intentó seguir caminando aparentando que nada pasaba. El jefe nuevo miró un momento hacia el piso como quien piensa bien lo que va a decir antes de decirlo y le preguntó: ¿Puedo hacer algo por ti, te encuentras bien? Él contestó, no, no creo.

El jefe, que además de jefe es líder, le dijo: sentémonos y hablemos.

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Me llamaron a una reunión a las 8:35 a.m. Esta vez no era para hablar de números ni propuestas, era para conversar acerca de humanidad y de aquel empleado llorando en una esquina. Al concluir la reunión solo pude añadir, el poder de una lágrima es poderoso y que vería qué podía hacer.

El día que le conocí, llegó a mi oficina acompañado de su papá. Era joven, yo diría como de unos 26 años. Su papá se presentó, era un hombre con mirada intensa y marcas en el rostro profundas. Hablamos. La conversación fue corta, solo unos 30 minutos. Nos despedimos y se marcharon.

Ese joven ha llorado mucho. Ha gastado más de $5,000 dólares en abogados y solicitudes para poder traer a su esposa al norte y no lo ha logrado. Ella ya está cansada de sus “excusas” y piensa que él no la quiere aquí, o que tal vez tiene otra. Así que tras un mensaje de texto decidió terminar la relación. No la culpo, está en nuestra naturaleza desconfiar. Es fácil decir que con amor todo se logra y todo se soporta, pero cuando los años pasan y te toca ver a tu esposo una vez al año, y a veces no lo ves, el amor se apaga, la esperanza se pierde y la fe muere.

Solo se puede amar con intensidad

Son un matrimonio joven y aunque no les conozco puedo ver en sus ojos que él está realmente desesperado. Ya toda la familia está aquí y por alguna razón que no entendíamos el gobierno ha negado su entrada al país tres veces.

Los dejé ir con la sensación de que en mis hombros cargaba una responsabilidad muy grande. Cargaba la esperanza de un hombre que aunque ya está en sus veintitantos parece estar locamente enamorado como solo un adolescente puede hacerlo. Al irse me quedó grabada la mirada fija el papá del empleado quien observaba y analizaba cada uno de mis movimientos y de mis palabras.

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La vida nos lleva a pensar que las historias de amor solo existen en los libros, nos hace asumir que el valor de la lágrima de un hombre no es igual que el de una mujer; ¡que equivocados estamos!

Tras la Investigación para este caso, vi que la esposa estaba solicitando ser residente indicando que su esposo llevaba muchos años trabajando aquí. Sin embargo, en el expediente del empleado dice que él no lleva ni un año como empleado fijo. Resulta que este hombre cada año renuncia para poder ir seis semanas a visitar a su esposa a Vietnam. El deseo intenso de estar con ella lo hace perder la antigüedad en el trabajo y por lo tanto el gobierno no lo considera un empleado estable. Su condición de nuevo empleado solo le ofrece una acumulación de 10 días de vacaciones, así que él prefiere renunciar para poder estar más de un mes con su esposa. Cuando regresa, la compañía lo vuelve a contratar porque conocen su situación. Ese amor y esa pasión es precisamente lo que les impedía estar permanentemente juntos aquí.

Gracias al poder de esa lágrima su esposa vendrá este invierno. Él vio la luz al final del camino y aunque la desesperación fue larga e intensa pronto podrá abrazarla nuevamente.

luz al final

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Hoy la historia de esta pareja vietnamita está a punto de llegar a un final feliz, pero es solamente eso, una historia. Como este relato hay muchos. Niños separados de sus madres, hombres y mujeres que llevan años sin abrazar a los suyos. Muchos que también han llorado y simplemente no han sido tan afortunados. Amar es felicidad, pero amar también es sufrir… ser vulnerables, es extrañar los abrazos, los besos, las caricias, los olores, la música, los momentos.

Emigrar duele, de una u otra forma… siempre duele.

Tú, ¿A quién amas con tanta intensidad? ¿A quién extrañas?

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6 comentarios en “#amorvietnamita”

  1. Amo a Dios que es maravilloso y como El es amor y vive en mi, me permite expresar ese amor….amo a mi familia, a mis hermanas, a mis hijos…a mi misma..amo la vida que me permite vivir el amor de muchas maneras…

  2. Wow, Yamaris! Esta historia me chupó como aspiradora a un papel… desde la primera palabra ya tenías mi atención. ¡Qué historia de amor, amiga… qué súper historia de amor! Qué bueno que te toque el papel de testigo y de “raconteur” en toda esta saga.
    Gracias por compartir,
    Nicy

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